Hace ya unos días que creo que las acampadas no son útiles. Cuanto más tiempo pasamos en ellas más indiferencia obtenemos por parte de la gente porque la situación pasa de ser algo excepcional a ser algo normal (se pierde la sorpresa). Sigo apoyando el movimiento 15M y sigo estando indignado, pero el cambio que promovemos no se logra en unos días, ni siquiera en unos meses y probablemente llevará años. La razón es que los cambios que pedimos deben ser apoyados por toda la sociedad antes de que se hagan efectivos (no cometamos nosotros el mismo error que cometen aquellos a quienes criticamos). Por desgracia, como hemos visto en las recientes elecciones, no toda la sociedad está de acuerdo con nosotros. Pero eso no quita que no debamos seguir manifestando nuestra indignación, pues es nuestra obligación informar de nuestras exigencias que, como todos sabemos, se limitan estrictamente a cosas de sentido común. Argumentos contundentes no nos faltan, y como muestra, un botón: ¿Por qué no hay una democracia real en España?
Si hay que manifestarse, salimos a la calle y nos manifestamos. Y exigimos explicaciones a nuestros gobernantes, que también es nuestro derecho y nuestra obligación como ciudadanos. Diversifiquemos nuestras actividades, sigamos haciendo ruido, que no piensen que nuestra indignación ha desaparecido. Pero no olvidemos que la calle no nos pertenece a nosotros. La calle es de todos, de quienes están con nosotros y de los que no. Seamos consecuentes, sigamos luchando, expongamos a nuestros amigos y familiares nuestra postura, nuestras ideas, en persona o a través de internet, como sea pero hagámoslo. La razón está de nuestro lado. En el fondo todos sabemos que no estamos diciendo ninguna tontería. Pero no nos olvidemos de una cosa: el cambio que exigimos llevará tiempo. Esto es una carrera de fondo, no conviene desfogarnos cuando aún estamos empezando.
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