jueves 3 de marzo de 2011

¿Por qué funciona El Barco?

Esta semana Antena 3 emitió un nuevo capítulo de la serie El Barco, que se ha convertido en el éxito de la temporada en lo que se refiere a series de ficción en España, y que ha hecho correr ríos de tinta por lo novedoso de su argumento (al menos para lo que estamos acostumbrados los españoles en cuanto a productos televisivos patrios), y lo conservador de su planteamiento. Pero yo no pretendo escribir otra crítica para poner de manifiesto las (múltiples) carencias de la serie y sus absurdos planteamientos. Más bien me interesa abordar el tema desde una perspectiva curiosa para averiguar porqué esta serie sigue arrasando en las noches de los lunes.


Yo veo El Barco. Por suerte (o por desgracia) no soy el único (aunque lo mío es más curiosidad mórbida que otra cosa). Atendiendo a los datos de los medidores de audiencia (sí, esos que nunca he visto ni conozco a nadie que conozca a nadie que conozca a nadie que los haya visto) hay otros cuatro millones de espectadores que también ven la serie. Y al igual que vosotros, yo también me he hecho una pregunta: ¿por qué?

Vayamos por partes. La serie parte de una premisa, cuando menos, interesante: un experimento en el ya famoso acelerador de partículas de Ginebra, generó un agujero negro que absorbió varios miles de metros cúbicos de tierra, provocando un corrimiento de las placas tectónicas y dejando la superficie anegada por los océanos. Es decir, que no hay tierra por ningún sitio. De momento. La desgracia para la Humanidad es que los únicos supervivientes (insisto, de momento) son la tripulación del buque escuela Estrella Polar, y sus alumnos, un buen puñado de jóvenes (aproximadamente treinta) que supuestamente debían haber superado ya la edad del pavo. Supuestamente. En total, 42 personas a la deriva, cuya supervivencia depende, en gran medida, de que encuentren a otros humanos, o un pedazo de tierra.

Por otro lado, y siguiendo las pautas del más puro manual de estilo Globomedia (la productora de la serie), las tramas siguen los procesos amorosos y humanos de varios personajes, con sus celos, sus miedos, sus sacrificios y sus rupturas.

Cada capítulo de la serie se estructura alrededor de dos tramas principales, y dos secundarias (a veces, incluso tres secundarias). Entre las principales tenemos una trama episódica de corte científico que se resuelve al final de cada episodio. Las hay para todos los gustos y de todos los colores: una bandada de pájaros agresivos en busca de comida, un amanecer tardío que les lleva a pensar que la rotación terrestre ha variado, el descifrado de una caja negra recuperada de un avión estrellado, etc... Hay otra trama principal que narra la rivalidad entre Gamboa (el malo, malísimo) y Ulises (el joven seductor, pícaro pero bueno, buenísimo). Ambos se sienten atraídos por Ainhoa, la hija del capitán, con lo que el triángulo amoroso está servido (esto funciona desde el principio de los tiempos). Las tramas secundarias se centran en las parejas que se van formando entre los alumnos, y también en la relación (insufrible a mi modo de ver) entre el oficial del barco y la cocinera (la Juani de turno, cómo no).

Es decir, los cerebros de la serie se las han apañado para meter una mezcla de El Internado, Médico de Familia y Los Serrano, en un barco que se enfrenta al fin de la Humanidad. Está claro el porqué de su éxito ¿no? Aún así, vamos a desmenuzarlo un poco más.

Es prácticamente imposible que alguna franja de edad no se vea representada en la serie. Se le podría pedir a los guionistas que incluyeran un abuelo entre la tripulación, pero probablemente sería rizar el rizo. Por lo demás, tenemos todo lo necesario para triunfar. Y cuando digo todo lo necesario me refiero a conflictos: relaciones entre padres e hijos (con todos los consabidos tópicos, a pesar de estar en una situación de supervivencia extrema); relaciones amorosas y amistosas entre jóvenes (guapos, engreídos, pero buena gente en general); relaciones amorosas y amistosas entre adultos (porque ahora, más que nunca, tienen derecho a una segunda oportunidad... y a comportarse como adolescentes en plena efervescencia hormonal); enfrentamiento permanente entre el bueno y el malo (porque mira que es malo el malo); situación de tensión permanente al borde de la muerte (en cada capítulo se pone a prueba la supervivencia del grupo y se enfrentan en conjunto a la muerte).

MONTAJE ALTERNO
La palabra clave en El Barco es "tensión". La trama principal se encarga de mantener el conflicto episódico para seguir tirando de las tramas secundarias y avanzar en el triángulo amoroso Ulises-Ainhoa-Gamboa. Pero además, los guiones de El Barco juegan sus bazas con un constante montaje alterno (en ocasiones excesivo). El montaje alterno permite, por sí solo, crear tensión y expectación en cualquier acción (incluso aunque la acción misma no sea interesante) al mostrar alternativamente dos acciones que ocurren al mismo tiempo pero en lugares diferentes. Es una técnica largamente utilizada en las series de nuestro país ya que ahorra costes al posibilitar la creación de secuencias que duran 8 minutos o más, dividiéndolas en cuatro fragmentos de dos minutos cada uno (que concluyen en tímidos "cliffhangers") entre los que se intercalan fragmentos de otras secuencias (que pueden ser igualmente tensas o totalmente intrascendentes). No olvidemos que los capítulos de El Barco (y de casi todas las series en España) duran 75 minutazos. Y claro, el montaje alterno ayuda un poco.

Por ejemplo, en el capítulo 7 de El Barco, hay una secuencia cuya acción es: Ulises y su padre rescatan del mar el cadáver de uno de los alumnos. A primera vista parece sencillo y sin tensión ¿verdad? Pues bien, los guionistas crearon tensión dividiendo toda la secuencia en pequeños fragmentos que se presentaron así:
1-Ulises y su padre divisan un cadáver en el agua (chán-chán)... nos vamos a otra secuencia y al volver...
2-Ulises y su padre se suben a una motora para recoger el cadáver (chán-chán-chán)... nos vamos de nuevo a otra secuencia y al volver...
3-Ulises y su padre llegan hasta el cadáver y descubren que es uno de los alumnos (algo que el espectador ya sabía... chán-chán-chán-chán)... otra vez nos vamos a otra secuencia y al volver...
4-el padre de Ulises intenta reanimar al chaval, pero es inútil, debe asumir que ha muerto (chán-tachán-tachán-tachán).

Así pues, una secuencia que podría haber durado unos tres o cuatro minutos, con un único cliffhanger al final, se dilata hasta que dura unos ocho minutos, dejando el suspense en lo alto en cada uno de sus fragmentos, y provocando en el espectador la necesidad de saber qué pasará. No es que hayan descubierto el fuego, pero una vez más, funciona. Y es una constante en la serie. Tan constante que a mi juicio abusan de ello.

Aparte del guión, habría que añadir otros aspectos como una buena realización (sin ser nada del otro mundo, es efectiva), un elenco de actores más o menos carismáticos (más los jóvenes que los adultos) y lo que parece ser un aumento de temperatura en la superficie terrestre tras el accidente del agujero negro, que "obliga" a los protagonistas a ir ligeritos de ropa.

Así pues ¿por qué funciona El Barco? Bajo mi punto de vista, porque hay tensión. Se trata de un grupo de personas encerrados en un barco y enfrentados al fin del mundo en una carrera contrarreloj por la supervivencia. Si además le añadimos los conflictos amorosos, una escaleta que es capaz de generar expectación hasta en los momentos más livianos, y un producto sin complejos con el único objetivo de entretener a la audiencia, tenemos ante nosotros una serie de éxito. Además siempre están quienes la ven para reírse de los absurdos comportamientos de los personajes, para señalar los múltiples agujeros de guión, o para mofarse de la incongruencia de algunos planteamientos. Para todos ellos también está pensada la serie. El caso es que la vean.

2 comentarios:

Fernando Fuentes dijo...

Pues mira que me has convencido de que no la vea ni cinco minutos. De hecho no había visto más que los anuncios de la serie y ya me tiraba de espaldas.
Lo del LHC de novedoso tiene poco, la genial novela en la que se "basaba" ese pestiño de Flashforward también utilizaba un experimento del LHC como punto de partida.
Una pregunta, ¿y el resto de los barcos del mundo? Porque anda que no hay comercio en alta mar, ¿dónde los han metido?
Y lo del montaje alterno es técnica culebronera, no verás un buen culebrón sin sus dosis de montaje alterno hasta en las escenas más chorras con resumen de lo que se había dicho antes al volver del "corte".
Ainchs, que necesidad de una HBO o AMC en este país...
P.D.: Se que hay que ver de todo pero tu tienes un estomago a prueba de bombas ;-)

Oscar inc. dijo...

Razón no te falta Fernando. Sé que lo del LHC no es novedoso, pero teniendo en cuenta los argumentos de "nuestras" series en los últimos años, me parece un paso en la dirección correcta.
El resto de barcos fueron engullidos por una megatormenta de la que El Barco se salvó gracias a... ¡¡un estupendo fundido a negro!! Eso sí que fue un verdadero agujero (negro) en el guión, o más bien una salida fácil para luego justificar que todo es un sueño, o que todos están muertos, o vaya usted a saber.
Se utiliza montaje alterno porque obviamente El Barco no es más que un culebrón disfrazado de ciencia-ficción (de ahí lo de "conservador en su planteamiento", porque repite los esquemas de las series rancias).
Lo de HBO o AMC en España, creo que Canal+ está intentándolo ;o)