domingo 8 de marzo de 2009

¿Por qué las series españolas duran tanto?

Supongo que todos os habeis sentido un tanto hastiados viendo algún capítulo de cualquier serie española de prime-time. ¿Que por qué? Para empezar porque te dicen que empieza a las 22 horas y pocas veces son puntuales. Y en segundo lugar porque muchas veces son las doce de la noche y aún no ha terminado el dichoso capítulo de marras. Así que todos nos preguntamos ¿por qué los programadores españoles nos torturan con un prime-time de más de dos horas de duración? ¿Por qué cuando las series americanas duran una hora nos ceban emitiendo dobles y triples capítulos? Bien, vamos por partes.

En los primeros años de la década de los 90 las cadenas privadas de reciente inauguración se lanzaron a producir series nacionales que tuvieron un éxito moderado. Farmacia de Guardia fue la primera en batir récords de audiencia y poco a poco se fueron sumando otras series como la también exitosa Médico de Familia. Las series, siendo probablemente el producto televisivo más caro de producir, se estaban convirtiendo en inversiones rentables gracias a la inclusión de numerosas pausas publicitarias (¿os acordais cuando Telecinco hacía pausas cada 20 minutos?). Pero la nueva ley de publicidad restringió el número de pausas publicitarias y la cantidad total de anuncios que las cadenas podían emitir por hora. "¿Qué hacer entonces?" se preguntaron los ejecutivos... fácil; si no podemos poner tantos anuncios por hora, pero queremos mantener la misma cantidad de publicidad, alarguemos los capítulos. Dicho y hecho. Los capítulos pasaron de durar una hora a durar dos. Así de simple. Ver un capítulo de una serie española supone una inversion de tiempo igual a la necesaria para ver una película. La emisión del primer capítulo de Doctor Mateo terminó a las 00:30h. Se suponía que empezaba a las 22 horas, aunque ignoro si fueron puntuales.

¿Por qué las cadenas castigan al espectador de esa manera? ¿Realmente las vidas de los personajes de esas series son tan emocionantes como para mantenernos en vilo hasta tan tarde teniendo que madrugar al día siguiente? En mi opinión, no. Ni mucho menos. Ni siquiera la vida de James Bond me parece tan interesante como para sacrificar horas de sueño (son las 00:40 horas y Casino Royale aún no ha terminado su emisión en La Primera).

Las series americanas duran una hora en pantalla. La duración de los capítulos sin anuncios no suele llegar a los 45 minutos. Eso sí, en EE.UU. se suelen emitir dos series en prime-time. Pero cuando uno acaba de ver un capítulo de una serie americana siempre se queda con ganas de ver el de la siguiente semana. Deseas que pasen esos siete días cuanto antes para volver a encontrarte con tus personajes favoritos. En España, estás deseando que termine el capítulo para irte a la cama. O sea que aquí preferimos empachar al espectador que dejarle con ganas de más. En mi opinión esta es una política absurdamente errónea. Sin embargo, los datos de audiencia no me dan la razón. Y eso es lo que manda.

Por cierto, aprovecho esta entrada sobre series para romper una lanza en favor de la serie Águila Roja. Vale que el rigor histórico brilla por su ausencia (en Mission Impossible 2 mezclaban las Fallas con la Semana Santa española y no vi a nadie organizando una manifestación). Y vale que los diálogos dan risa y que la trama es tópica hasta decir basta. Pero siempre que me pongo a verla, me engancha. Tiene acción (y mucha), y no está nada mal realizada (el otro día vi a un monje volando al estilo Tigre y Dragón... y estaba bien hecho), o al menos disimulan bien sus carencias. Continuamente pasan cosas y eso la convierte en una serie muy visual y no tan dialogada (como debe ser). El capítulo del jueves acabó a las 23:35 horas y concluía con un buen suspense. No me sorprende que la audiencia está respondiendo bien (aunque ahora debería explicar el incomprensible éxito de Escenas de Matrimonio..., ¡en menudos jardines me meto!). Pues nada, mi enhorabuena para el equipo de Aguila Roja.

1 comentarios:

pablo dijo...

Estoy completamente de acuerdo en lo de la duración de las series. De la calidad mejor ni hablamos.