jueves 29 de enero de 2009

De vuelta en casa

Esta semana ha sido interesante. Oficialmente he puesto mi granito de arena para aumentar las escabrosas cifras del paro en nuestro país. Cosas de la ya famosa crisis.
Sin embargo el lunes fue un día importante para mi y mis aspiraciones de convertirme en guionista profesional (si es que ese término está permitido en el panorama audiovisual español). Resulta que los de Alta Films (fundamentalmente distribuidores, pero también productores) leyeron mi guión "Campo de Secretos" y decidieron citarme en la productora para charlar conmigo. No estaban interesados en comprar los derechos ni en producir la película. Entre las excusas, que la historia de un thriller rural ya fue explotada por ellos en "La noche de los girasoles", y que el contexto de ciencia-ficción les parece demasiado arriesgado. Ambas cosas perfectamente comprensibles desde un punto de vista empresarial. Pero lo que sí me dijeron es que el guión estaba bien escrito. Y viniendo esto de unos señores que recibieron 180 guiones el año pasado, para mí supone mucho más que un halago. Supone un acicate, un señal de que estoy en el buen camino, y un impulso renovador para mis esperanzas como escritor audiovisual. Un guión bien estructurado, que no se anda por las ramas, entretenido y que dosifica correctamente la información. Todo eso dijeron de mi criatura "Campo de Secretos". Lo que querían en definitiva era conocerme y saber si tengo más guiones para poder enviarles. Como os podeis imaginar ya estoy trabajando en una nueva historia, esta vez una comedia romántica, para que luego no digan, jeje.

Y como ahora no tengo que madrugar, ni tengo obligaciones profesionales, me he venido a mi casa. Durante el viaje me he fijado en el cielo estrellado (con el permiso de las nubes), y he tenido la sensación de que las estrellas, con su luz milenaria que tarda miles y millones de años en llegar a nosotros, se reían de mi. Se reían de todos nosotros. Con nuestras insignificantes vidas y nuestros insignificantes problemas. Que cuando nosotros hayamos desaparecido, ellas seguirán ahí. Incluso a pesar de que algunas de esas estrellas se hayan apagado, su luz seguirá viajando por el espacio hasta llegar a la Tierra. Y curiosamente, eso me ha hecho sentir bien.

Por cierto, cuando hablo de casa, me refiero a Asturias. Porque lo que yo entiendo por "casa" es ese lugar al que sabes que, pase lo que pase, siempre puedes volver.